Wednesday, November 19, 2008

EL PERDON:

El perdón es la aceptación pacífica de los hechos que causaron dolor, la conciencia de que todo lo ocurrido nos ha dado mayor madurez, la renovación del amor propio y del amor a DIOS. El perdón es uno de los sentimientos más bellos que puede sentir el ser humano cuando es sincero a ese perdón. Un perdón que no es sincero es como abrir un hidrante de una vena del corazón, para apagar el fuego donde se alberga el odio y el rencor y que su humo crea nubes negras que se postran en nuestros sentimientos y crece la fuerza de la oscuridad y la maldad, la tristeza y la furia estremecen nuestros corazones.
Muchas veces odiamos y juzgamos a nuestros padres sin tener la menor ideas de cómo crecieron, sin haber vivido sus carencias, sus frustraciones y tristezas, y mas aún olvidamos que las fallas como hijos son los fracasos como padres. Pero a pesar de nuestros errores DIOS nuestro Padre, nuestro creador esta ahí, ofreciéndonos sus brazos, su amor incondicional, su inconmensurable cariño de padre, su perdón. Y si DIOS perdona, quienes somos nosotros para juzgar y no perdonar. En el amor muchas veces juzgamos u odiamos amores que han pasado en nuestras vidas sin darnos cuenta ni analizar quien cometió los errores en esa relación. Muchas veces queremos que nos pidan perdón sin darnos cuenta que somos nosotros quienes deberíamos ser perdonados, creemos en nuestras mentiras, olvidando que las mentiras corren hasta que la verdad las alcanza. En realidad la verdad no es como nos convendría que fuera sino como debería de ser.
Creo que hoy es un buen día para perdonarnos sinceramente a nosotros mismos, pedirnos perdón por todos los errores cometidos, seamos valientes y pidamos ese perdón sin importar si somos perdonados. No sigamos prisioneros del miedo a DIOS, recordemos que el temor a DIOS es sabiduría y el apartarse del mal es inteligencia, recordemos que lo que hacemos en vida resonará en la eternidad.
Es el momento de que algo precioso llegue a nuestras vidas, recordemos que las nubes son más altas que nosotros y son creadas por el cálido suelo que pisamos. Como queremos saber a donde vamos si no recordamos de donde venimos, el perdón es como una brújula a la felicidad.
Hoy recuerdo la última vez que pedí perdón. Llegué con una mochila cargada de dolor, y mientras caminaba por un largo pasillo que vislumbraba como un arco iris con muchos colores y al llegar a la zona azul, allí postrada en una cama de hospital esperando por ese perdón, se encontraba ella, nos abrazamos, nos perdonamos. La sentí como una nueva luz, como un ángel que venia a curar todas las heridas que portaba mi corazón. Me alejé de la zona azul, libre de las cargas que portaba. Al llegar a casa acompañado de dos bellos ángeles sentí la necesidad de hincarme frente a un Cristo que esperaba por mi en una de las paredes de un bello ático. Al arrodillarme sobre el suelo de madera entendí que la cruz no es lo importante, sino quien estaba en ella. Isa Cepeda Kalaf

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